martes, 9 de junio de 2015

L'arrivée dans une ville, Florence

L’arrivée d’un touriste étranger dans la ville de Florence vient souvent précédée par des heures d’isolement dans un avion pour économiser le temps des vacances. Par contre, on n’était pas de vulgaires touristes, on était voyageurs, explorateurs. On avait choisi la route plus longue, ainsi que la plus difficile afin de connaître la culture du centre de l’Italie, c’est à dire, la Laccio, l’Umbria et enfin la Toscana. On avait choisi une manière de parcourir ses collines et ses villages qui est reconnue pour l’effort qu’elle demande en Espagne, en France et en Italie. En d’autres mots on a parcouru ses routes à vélo.

Comme je l’ai dit on était explorateurs, on était de silencieux voleurs de l’essence italienne, de la chaleur des gens là-bas. En mangeant la nourriture qu’ils nous offraient, nous avons découvert des choses magnifiques et simples comme « il panne con pomodoro ed olio » et d’autres comme « tagliatelle ai funghi e tartufo » si délicieux et tellement pleins de couleurs que nos yeux et nos gouts devenaient fous.

En prenant la route qui vient d’Arezzo, Florence se révèle comme une ville fils du fleuve Arno. La ville, née au bord de l’eau, a des quais qui permettent des promenades au dessous d’un rideau d’arbres qui nous défendaient du soleil implacable de l’été.

En suivant le sens de l’eau, notre balade sur le quai droit, elle nous a amené au « Ponte Vechio », connu dans le monde entier pour avoir des magasins qui vendent des bijoux en or.

Près du Ponte Vechio la coupole rouge de la cathédrale construite par Bruneleschi s’érige au centre d’une grande place pleine de touristes qui marchent de la cathédrale à la « Piazza de la Signoria » où on a pu trouver le David de Michelangel. Il faut dire que la mairie de la ville, il y a longtemps, a déplacé la vraie sculpture du David de Michelangelo afin qu’elle ne soit pas détériorée par les intempéries. Elle se trouve aujourd’hui au musée.



…

lunes, 16 de febrero de 2015

Los versos olvidados

He pensado ríos de palabras
que sin poder encauzar
y llevar hasta un pantano donde poder utilizarlas,
poco a poco se han precipitado por cascadas;
que pulverizando cada gota
dan lugar a una neblina de letras
que no tienen recuerdo
y que son arrastradas,
muchas de ellas,
en su caída,
hacia una rivera del olvido
donde crecerán sin ser leídas
las más bellas frases
y los más tristes versos.


A veces, ha sido Morfeo,
quien apiadándose de mi pena
ante semejante pérdida,
me ha llevado de la mano
a este Nirvana de las poesías
y con paciencia,
ha esperado horas velando mi sueño,
a que de entre todos aquellos florecientes versos
eligiese uno para poder despertar con él
y plasmarlo rápidamente en un papel,
rescatándolo del olvido,
y dedicártelo a ti.


Siempre podrás saber
cuál es el verso rescatado,
ya que destaca sobre todos los demás,
ya sea en alegría, amor o pena.
Unas veces
intenta esconderse él mismo, tímido,
siendo el más pequeño del poema.
Otras, sin embargo,
orgulloso de su fuerza,
se crece iluminando con su grandeza
a todos los demás,
los cuales suspiran por llegar,
algún día, a ser como él.


Pero al final, todos estos versos
que saben que una vez fueron olvidados,
ansían, de cualquier manera,
hacerse un hueco
y conseguir así, por tanto,
la inmortalidad
en tu memoria y en tu corazón.


Pero el verso secreto,
el que se esconde dentro de esa jungla,
cuelga de un árbol,
como la manzana prohibida del Edén.
Este verso,
que no es otro que tu nombre,
Irene,
es tan versátil y sutil
que es un poema en sí mismo.
Y como Adán,
me siento tentado a pronunciarlo,
pero lo hago susurrando,
con miedo de que al decirlo en alta voz
se escape resonando como un eco
entre los valles de este paraíso lírico.


Antonio Espacio García
Toulouse 2012




sábado, 24 de enero de 2015

Una lluvia de pétalos

Y la luz del día se desvaneció de repente,
y el tiempo se paró en seco,
y no sabía si aquello era real,
me sentía en éxtasis.
Y como si una lluvia de pétalos de tulipán naranja
hubiera invadido la habitación,
yo te miraba,
con los ojos abiertos como platos,
fascinado por tu belleza,
deseando que todo tu ser
se quedase grabado en mi retina.

En aquella tenue oscuridad de la noche
tu silueta se mostraba ante mí
como el de la diosa Artemis,
y yo, intimidado ante semejante escultura,
cerré los ojos,
abriéndolos rápidamente de nuevo
temiendo que fuese un sueño;
mas era cierto, estabas ahí,
podía tocarte y sentir tu piel;
tus manos, frías como el mármol,
se quedaban entre las mías
buscando todo el calor en mi cuerpo.

Pero eran tus ojos la llama,
que consumiendo todo el oxígeno a mi alrededor,
me dejaba con cada mirada,
absorto y sin respiración.
Y el latir del corazón
se paraba de golpe;
y al instante, Hefesto,
volvía a golpear con fuerza su martillo
contra el yunque que es mi pecho
acelerando el palpitar
del órgano capital
y regando de nuevo
de sangre todo mi ser.

Y yo, quemándome por dentro,
sentía el calor de tu presencia,
y valiente, me acercaba un poco más,
sintiendo arder mi cuerpo por tu alma,
fundiéndose con la mía.

Y una caricia,
y un beso,
y una sonrisa,
… y la lluvia,
y los pétalos.

Y nuestros dos cuerpos,
se derretían juntos ya,
unidos en una misma llama,
visible tan solo para nosotros.

Hasta que nos adentramos en un mar de amor
donde las olas encrespadas
que formaban nuestras espaldas
recorrieron toda la superficie de la cama,
rompiendo la espuma del alma
en un grito interior
aplacando el fuego del deseo
y devolviéndonos dulcemente
a ese estado de éxtasis
que produce el amor
donde todo cae
como si de una lluvia de pétalos de tulipán naranja
se tratara.
Antonio Espacio García



sábado, 17 de enero de 2015

Aquella noche a bordo del Serenade


Aquella noche a bordo del Serenade, Nicolás paseaba por la cubierta de primera imaginando todo lo que América podría ofrecerle, esbozando el significado de esa tierra prometida, una puerta abierta a los sueños cuyo umbral estaba decidido a traspasar.

A cada paso que daba sobre aquel suelo lustrado de madera, su mente le hacía ascender un peldaño más hacia la felicidad en el reino de Morfeo. Parecía imposible que nada fuera capaz de distraer a este romántico de apenas veinte años; digo casi, porque la visión de una joven dama lo despertó de golpe, volviéndole de nuevo a la realidad.

Era ella. La había visto cenando con sus padres la noche anterior y también esa misma mañana mientras paseaba. Ya entonces se había quedado prendado por su belleza.

La joven se acercó con gracia a escasos metros de él. Apoyó su mano izquierda sobre la barandilla mientras balanceaba un pequeño paraguas con su derecha. Un vestido azul celeste ensalzaba su figura. Nicolás lo envidió, queriendo ser él para rodearla; y casi sin darse cuenta, soñador como era, volvió a evadirse lentamente. Fantaseó con ella paseando por las calles de París, abrazados bajo el pequeño paraguas; él le retiraba su pelo húmedo de la frente y la besaba, un beso suave y tierno. Jugó también a adivinar su nombre; quizás Irene, Laura o Amalia… Tal vez Olga. No importaba. La llamaría Beatriz. En el café de la Gare St. Lazare ella reía, le acariciaba la mano y le decía cuánto lo quería mientras él le recitaba un poema de Gustavo Adolfo Bécquer, romántico español a quien tanto admiraba.

                                    … yo me siento arrastrado por tus ojos
                                    pero adónde me arrastran no lo sé.

La coqueta mirada de Beatriz entornó en ese instante los ojos, ruborizándose. Se querían.


De repente, una ligera sacudida del barco lo volvió a sacar de su estupor. Ahí seguía ella, oteando el horizonte. Nicolás pensó en averiguar el origen del temblor; pero antes deseaba tocarla, inhalar su perfume, decirle algo quizás. No, eso no; demasiado valiente para un alma tan huidiza. Se conformaría con lo primero. Caminó hacia ella simulando estar distraído y rozó sutilmente su mano. Todos los pelos de su cuerpo se erizaron de placer; un placer tan simple y primitivo pero a la vez tan confortable. Una noche para recordar, pensó Nicolás.



Febrero 2012
Antonio Espacio

domingo, 28 de diciembre de 2014

El desierto de tu ausencia


Es la noche, quien convertida en un invierno
se calienta junto a un corazón abrasado,
desvelando un recuerdo de sueños
traídos por el vahído del alma de un enamorado
Bajo un mantón gris aparece tu figura;
y una mano en tu pelo juega, mechón a mechón,
a enrollarse en sí mismo, sobre un ovillo moreno.
dejando a la luz unos ojos , ¡y qué ojos!
cuya teja radiante como oasis en el desierto,
llena de una inmensidad profunda, refresca
más aun que el agua pura, la sed de amor.

Cuando la noche avanza y el sueño se quiebra
adolece el espíritu en un desierto de vida,
lleno de almas errantes que no son la tuya,
mientras la mía pasa de inmortal a perecedera.

Para que al despertar del día, el sol,
encuentre mi cuerpo yacido en las dunas.
Y él, tan abrasador como el fuego,
que nunca se pone mientras no estás,
me quema como una mecha, rápido,
duele en la cara, agrieta el espíritu
y reseca el corazón;
invitando a llorar en la soledad diurna,
guiando cada gota salada
a través de los surcos de tu recuerdo
hasta las llagas de tus ausentes caricias.

El ocaso marca el fin del dolor
con los últimos rayos de sol

Antonio Espacio Garcia

martes, 2 de diciembre de 2014

¡España te han violado!



¡España te han violado!
¡España te han violado!
¡España te han violado!
¿Por qué aun no te has quejado?

Tus padres que tanto te prometieron
De ti se han burlado, y al final…
…y al final, riendo te han violado
Grita, grita, ¡que te oigan tus hermanos!

Tienes sangre peleona, ¡eres española!
Aun tienes fuerza en tus brazos, tienes hermanos,
cada uno de ellos siguen allí, junto a tu lado
¡Pídeles ayuda y acudirán sin duda a demostrarlo!

¡Hace falta un grito, un grito alto y claro!

-¿Más? ¡No puedo gritar más, hermano!
Hace tiempo que os lo he suplicado
Si no actuáis ya, será el estertor final,
El que irremediablemente vais a escuchar

¿Cuánto más quieres esperar?
Agonizo y casi no puedo respirar
Mi padre votado por vuestras urnas,
Me ha violado, ¡ya me siento una difunta!

¡Armaos hermanos! no os hacen falta piedras ni palos
Solo la voz del pueblo, la que siempre triunfará
y al final nuestro balido se convertirá en rugido,
y no habrá león en el parlamento que levante el hocico.

¡Gritad! ¡No quiero funeral! ¡No quiero funeral!

España volverá, es nuestro destino, lo vamos a lograr.

Antonio Espacio García

domingo, 16 de noviembre de 2014

Ay mi Extremadura!!

Extrema vida dura
Triste Extremadura
Tierra de fronteras
Tierra de conquistadores
Siempre abandonada
Y otras tantas conquistadas

¡Ay mi tierra si yo pudiera
Conmigo llevarte donde quisiera!

En ti se halló el placer
Y el mérito se reconoció
Largo tiempo fuiste
Sin ser ahora nada

No hay en ti amargura
Triste Extremadura
Por tu suelo maltratado
Tantas veces olvidado

¡Ay mi tierra si yo pudiera
Conmigo llevarte donde quisiera!

Todo nos lo has ofrecido
Cerezas, queso y vino
Y nosotros llorando
De ti hemos huido

Encinas de sombras esperpentas
Que dais bellotas guerreras
Con coronas de porte regia
Cuanto gusto os debemos
Y que poco agradecemos

¡Ay mi tierra si yo pudiera
Conmigo llevarte donde quisiera!
No sería pena sino gloria
Ni habría llanto en la memoria


Antonio Espacio García,
a mi tierra